El vacío es solo vacío: NI PRINCIPIO NI FIN.
El bien y el mal no son fuerzas ajenas, sino creación humana.
Gustav Klimt vivió en una época donde el arte
buscaba redención; al igual que Beethoven y Schiller,
su vida fue breve, pero profundamente luminosa.
La existencia humana transcurre entre momentos
sublimes y tiempos difíciles. Nos envuelven la
maldad y la bondad, la tristeza y la alegría. Siempre
habitaremos el dualismo de la vida.
Nacemos, y un día morimos. Pero en medio de ese
tránsito, el arte puede ser un puente hacia lo sublime.
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