Arrastro al guerrero de la armadura dorada hacia las tentaciones.
Se rompen los hilos dorados.
Pobre, mísero, quedaste atado a la súplica y las debilidades de la
vida.
Enfermedad, locura, seducción, vejez, lujuria y muerte:
creadas por el hombre en su sublime manifestación de
decadencia,
de su incomprensión a la mortalidad inevitable.
Te salvará Tifeo? No, porque igual es su ruina.
Gula, impudicia -eso soy yo, eso somos…
Hipnotizados por la vida, los arrastro hacia este mundo,
un mundo de belleza venenosa y alegrías enfermas.
Dios ha sido relegado.
Ahora, yo soy el que prevalece.
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