El guerrero sucumbe a su voluntad.
No basta, su armadura dorada para repeler a las gorgonas, Tifón, la lujuria.

El susurro no se detiene, sus miedos lo acompañan.

Un instante… el silencio,

Y se abre un umbral.

En sus ojos se refleja una luz.

Siente que las fuerzas lo arrastran a su abismo interior.

Súplica, lucha.
No se ve a sí mismo.

Un canto lejano se convierte en coro.

Todo a su alrededor es una danza, la alegría llega su conquista.

Sus miedos no desaparecen…
los transforman.